Ligeras, ácidas y refrescantes, o nutritivas y llenas de sabor, ricas en nutrientes, las compotas pueden realzar nuestros platos, tajines, galletas y postres.

Compota de higos secos con nueces / Compota de ciruelas pasas

Compota de albaricoque y naranja deshidratados / Compota de membrillo

Las compotas se pueden disfrutar en el desayuno, solas con pan o bollería (especialmente brioches). También se pueden usar para decorar tajines o para rellenar tartas, empanadillas y galletas, aportándoles una textura suave. Si bien se pueden consumir durante todo el año, se aprecian especialmente en los meses de invierno porque reconfortan y aportan todos los beneficios de sus nutrientes y minerales.

Lengua de ternera al estilo H'rgma, con trigo y frutos secos.

Galletas de mantequilla rellenas de compota de ciruelas pasas

Crepes con compota de membrillo y salsa de chocolate negro

Magdalenas con compota de ciruelas pasas

Puedes preparar compotas tanto con fruta seca como fresca. Para la fruta seca, es fundamental rehidratarla en agua o al vapor. Luego, cocínala a fuego lento en un almíbar ligero, tapada, ya que contiene azúcares.

Para realzar su sabor, puedes aromatizarlas con ralladura de cítricos, especias como canela, anís estrellado, clavo, cardamomo o vainilla, o incluso aguas florales de azahar, rosa o bergamota. También puedes añadir un toque crujiente a su textura fundente agregando almendras o nueces tostadas y trituradas al final de la cocción. La elección es totalmente personal, y cada uno puede enriquecer su compota como desee con diversos ingredientes: nueces, piñones, almendras, etc. Muchas frutas frescas son excelentes para hacer compotas. Las manzanas, peras y membrillos se pueden preparar por separado o combinados de formas interesantes, mostrando sus sabores y texturas. Si bien muchas frutas, como duraznos, albaricoques, ciruelas, cerezas e higos frescos, se pueden convertir en compotas, es mejor evitar frutas como fresas y kiwis, que no resisten bien la cocción.

Para preparar compota de fruta fresca, no es necesario marinarla; basta con cocinarla directamente, cortada en trozos iguales o por la mitad, en un almíbar ligero con un chorrito o una rodaja de limón para evitar la oxidación. Conserva así los mismos sabores que la fruta deshidratada. Estas compotas, elaboradas con fruta fresca o deshidratada, se utilizan en la preparación de numerosos platos dulces y salados.

Así pues, prepara algunas compotas para deleitar a tu familia y dejar que disfruten de todos los beneficios que contienen.





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